Poteras luminosas para pescar calamar de noche
La pesca nocturna de calamar tiene un atractivo especial: el mar cambia de ritmo, las picadas suelen transmitirse con delicadeza y una pequeña luz bajo el agua puede marcar la diferencia. Las poteras luminosas, también llamadas jibioneras o señuelos para cefalópodos, aprovechan la curiosidad de estos animales y ayudan a localizar el aparejo cuando hay poca visibilidad.
Su eficacia depende de mucho más que del brillo. La profundidad, la claridad del agua, el estado de la marea, la actividad del calamar y la forma de animar la potera influyen en el resultado. Una elección equilibrada del equipo permite pescar con precisión y reducir enganches, pérdidas de material y capturas por encima de lo permitido.
Cómo funcionan las poteras luminosas
Las poteras luminosas incorporan materiales fosforescentes, pinturas reflectantes o pequeños sistemas LED. Las primeras necesitan cargarse con una fuente de luz, como una linterna, mientras que las eléctricas funcionan mediante pilas o baterías. El resplandor se aprecia especialmente en aguas profundas o durante las horas de mayor oscuridad, cuando el contraste del señuelo resulta más visible.
La luz no atrae al calamar desde distancias ilimitadas. Su función principal consiste en destacar la potera dentro del campo de percepción del animal y facilitar que la localice cuando se mueve cerca del fondo, de una estructura o de un banco de pequeños peces. Una iluminación excesiva puede producir un aspecto poco natural, sobre todo en aguas muy transparentes y con poca profundidad.
El color también tiene importancia. Los tonos azulados, verdes y blancos suelen ofrecer buena visibilidad bajo el agua, mientras que los acabados rojos o anaranjados pueden funcionar en determinadas condiciones de profundidad y turbidez. Conviene llevar varios modelos y observar cuál genera más respuestas, sin cambiar constantemente si los calamares están siguiendo el señuelo.
Elección del tamaño, color y montaje
El tamaño de la potera debe guardar relación con el alimento disponible y con el estado del mar. Para calamares pequeños o aguas calmadas, una jibionera compacta permite presentar el señuelo con naturalidad. Cuando hay corriente, profundidad o ejemplares de mayor tamaño, un modelo más pesado facilita mantener la línea en la zona de pesca.
Las coronas de agujas deben estar bien afiladas y colocadas de forma uniforme. Un calamar puede sujetar el cuerpo de la potera durante unos segundos sin quedar clavado si los anzuelos están deteriorados. Revisarlos antes de cada salida es una tarea sencilla que evita perder picadas. También hay que comprobar que el cuerpo no tenga grietas y que los ojos, telas o recubrimientos estén firmemente fijados.
Desde tierra, es habitual utilizar una caña de acción sensible, un carrete equilibrado y una línea fina que transmita los toques sin añadir demasiada resistencia. En embarcación puede emplearse un montaje vertical con plomo en el extremo y una o dos poteras separadas mediante ramales cortos. El aparejo debe ajustarse a la normativa local, ya que el número de anzuelos y señuelos permitidos cambia según la zona.
Técnica para trabajar el señuelo
Una de las técnicas más productivas consiste en dejar descender la potera hasta la profundidad elegida, tensar la línea y realizar pequeños tirones ascendentes. Después de cada elevación se deja que el señuelo vuelva a bajar con una caída controlada. Muchos calamares atacan durante esa pausa, por lo que no conviene recoger de forma continua.
La cadencia debe adaptarse a la actividad de los cefalópodos. Si están activos, pueden responder a movimientos más marcados y cambios de altura frecuentes. Cuando se muestran recelosos, una presentación lenta, con pausas largas y desplazamientos cortos, suele ser más adecuada. El objetivo es imitar un pez o un pequeño crustáceo herido, no mover la potera sin descanso.
La picada puede sentirse como un peso repentino, una vibración suave o una pérdida de tensión. Al notar algo extraño, es preferible recoger con firmeza y mantener la línea tensa, sin dar un tirón violento. Las coronas sujetan al calamar por los tentáculos y una presión excesiva puede desgarrarlos. Durante la subida, la velocidad constante ayuda a evitar que el animal se desprenda cerca de la superficie.
Dónde buscar calamares durante la noche
Desde costa, los espigones, puertos autorizados, escolleras y zonas próximas a canales de navegación pueden concentrar calamares porque allí se reúnen pequeños peces atraídos por el plancton y la iluminación artificial. Las transiciones entre zonas iluminadas y áreas oscuras son especialmente interesantes. El calamar suele patrullar los bordes de sombra, donde puede emboscar a sus presas.
En barco, conviene explorar cambios de profundidad, fondos mixtos, desniveles y zonas cercanas a roquedos. Una sonda ayuda a conocer el relieve y a mantener la potera en la capa de agua adecuada, aunque no siempre muestra con claridad a los cefalópodos. Si aparecen señales de actividad o se producen varias picadas a una profundidad concreta, resulta útil repetir el descenso en ese nivel.
La corriente y el viento modifican la posición del aparejo. Si la potera se aleja demasiado de la vertical, se pierde sensibilidad y aumenta el riesgo de engancharla en el fondo. En esas circunstancias puede ser necesario cambiar el peso, utilizar una línea algo más fina o situarse de manera que el barco derive con mayor control.
Seguridad, normativa y cuidado del entorno
La pesca nocturna requiere una preparación superior a la de una salida diurna. En costa, una linterna frontal, calzado con buena adherencia y ropa impermeable reducen los riesgos en superficies húmedas. En embarcación son imprescindibles los chalecos salvavidas, las luces de navegación, una comunicación operativa y la revisión del parte meteorológico. Nunca debe pescarse desde una zona peligrosa por intentar alcanzar unos metros adicionales.
Antes de salir hay que consultar las vedas, las tallas mínimas, los cupos y las limitaciones sobre artes y número de capturas. También es importante respetar las zonas portuarias, reservas marinas y espacios donde la actividad esté restringida. Las normas pueden variar entre comunidades autónomas, islas y municipios, de modo que una información antigua puede llevar a una infracción.
El calamar debe manipularse con cuidado y conservarse rápidamente si va a aprovecharse como alimento. Los ejemplares pequeños o las capturas que no se vayan a consumir deben devolverse al agua cuanto antes, evitando dañarlos con las coronas. Restos de hilo, envases, pilas y señuelos rotos nunca deben acabar en el mar. La mejor jornada es aquella que deja el pesquero limpio y mantiene el recurso para futuras temporadas.
Una potera luminosa bien elegida ayuda a presentar el señuelo donde realmente están los calamares, pero su rendimiento nace de la observación: leer la corriente, controlar la profundidad, respetar las pausas y detectar las señales de la línea. La luz debe servir para mejorar la presentación, no para sustituir una técnica cuidadosa.
El equipo adecuado, la prudencia durante la noche y el cumplimiento de la normativa convierten esta modalidad en una experiencia segura y responsable. Lo que conviene recordar es que la paciencia, el control del aparejo y el respeto por el mar suelen ser más decisivos que el brillo del señuelo.