Peces peligrosos al manipular una captura
Una jornada de pesca puede terminar con una captura inesperada y, con ella, un riesgo que no siempre se aprecia a primera vista. Algunas especies poseen espinas venenosas, placas cortantes, dientes capaces de causar heridas profundas o aguijones defensivos. El peligro aumenta cuando el pez se mueve con fuerza sobre la cubierta, entre las piedras o dentro de la sacadera.
Reconocer las especies potencialmente peligrosas ayuda a elegir el equipo de protección y a decidir cuándo conviene cortar el bajo en lugar de intentar recuperar el anzuelo. La prudencia también protege al animal, ya que una manipulación apresurada puede dañar sus órganos, su mucosa o sus aletas.
El tamaño de la captura no determina el riesgo. Un pequeño pez araña puede provocar un dolor intenso, mientras que una raya grande puede lesionar con la cola aunque parezca tranquila. Conocer la anatomía defensiva de cada pez es tan importante como seleccionar el cebo o elegir el hilo adecuado.
Cómo valorar el peligro antes de tocar
Antes de agarrar una captura hay que observarla dentro de la red o sobre una superficie estable. Las espinas dorsales levantadas, una cola larga con aguijón, una boca amplia o los movimientos bruscos son señales para mantener las manos alejadas. También conviene evitar sujetar peces cubiertos de mucosidad si no se conoce bien su especie.
Los guantes gruesos ayudan, pero no vuelven segura cualquier maniobra. Un guante de pesca protege frente a cortes leves, aunque puede ser insuficiente contra una espina que atraviesa el material. Las pinzas largas, el desanzuelador y unos alicates permiten trabajar a distancia y reducen la presión sobre el pez.
La identificación debe hacerse con una guía local o una aplicación fiable, especialmente en zonas donde conviven especies parecidas. Llevar un registro de capturas y consultar recursos como registro de capturas puede facilitar la comparación de rasgos, tamaños y hábitats antes de futuras salidas.
Pez araña y otras especies venenosas
El pez araña, frecuente en fondos arenosos y aguas costeras, tiene espinas venenosas en la primera aleta dorsal y en los opérculos. Puede enterrarse casi por completo, por lo que un pescador que camina por la orilla o recoge una red corre el riesgo de pisarlo. Su picadura causa dolor intenso, inflamación y, en algunos casos, síntomas generales.
Nunca debe sujetarse por la parte superior del cuerpo ni apretarse contra la palma. Lo más seguro es usar alicates para liberar el anzuelo, mantener la espina orientada lejos del cuerpo y devolverlo al agua con una herramienta de manejo. Si el ejemplar está muy enganchado, cortar el terminal suele ser preferible a forzar la extracción.
La araña blanca y otras especies de la misma familia requieren precauciones similares. El veneno no desaparece porque el pez esté muerto, de modo que tampoco deben manipularse sin protección los ejemplares destinados a la cocina.
Escórporas, rascacios y cabrachos
Las escórporas y los rascacios se camuflan entre rocas, algas y estructuras portuarias. Sus espinas dorsales, ventrales y operculares pueden inocular veneno y producen heridas dolorosas. El cabracho, de mayor tamaño y aspecto robusto, presenta una defensa parecida y puede permanecer inmóvil hasta que se intenta cogerlo.
Para extraer un anzuelo, es recomendable mantener la captura sobre una esterilla húmeda, sujetarla por detrás de la cabeza con una pinza adecuada y evitar que las espinas se enganchen en la ropa. No conviene colocar el pez entre las piernas ni presionarlo con el pie, porque un coletazo puede cambiar la posición de las púas.
Si una espina penetra la piel, hay que alejarse del borde del agua, limpiar la zona y buscar asistencia médica según la intensidad de los síntomas. El calor controlado se emplea en algunos protocolos para aliviar el dolor de ciertas picaduras marinas, pero debe aplicarse siguiendo indicaciones sanitarias y sin causar quemaduras.
Rayas y peces con aguijón caudal
Las rayas suelen parecer dóciles, pero pueden defenderse con una o varias espinas situadas en la cola. El movimiento es rápido y difícil de anticipar cuando el animal se siente atrapado en una red, sobre todo si se intenta levantarlo sujetándolo por el extremo posterior.
La captura debe mantenerse plana y manipularse desde los bordes, lejos de la cola. Nunca hay que pasar la mano por debajo del cuerpo sin haber localizado antes el aguijón. En ejemplares grandes, lo más responsable es cortar el sedal cerca de la boca y dejar que se liberen con el menor daño posible.
La misma precaución se aplica a algunos chuchos y otras rayas costeras. Para devolverlos al agua, una superficie húmeda y una liberación rápida protegen la piel y reducen el estrés. La fotografía debe hacerse sin arrastrar al animal sobre arena seca o piedras.
Morenas, congrios y peces de mordida fuerte
La morena puede parecer lenta, pero tiene una mordida potente y dientes orientados hacia atrás. Además, su segunda mandíbula interna puede avanzar para sujetar la presa. Tirar del sedal con la mano o introducir los dedos para abrirle la boca aumenta mucho la posibilidad de sufrir una lesión.
Los congrios también pueden girar el cuerpo con fuerza y morder cuando están retenidos. Si el anzuelo está profundo, no se debe intentar recuperarlo a cualquier precio. Cortar el bajo y liberar al pez con el aparejo mínimo suele ser la decisión más segura para la persona y menos perjudicial para la captura.
El alicate de punta larga permite trabajar sin acercar los dedos a la boca. Un cubo o una caja de manipulación puede contener temporalmente al animal, pero nunca debe usarse para mantenerlo fuera del agua durante más tiempo del imprescindible.
Precauciones en ríos y embalses
En aguas continentales, los siluros grandes pueden causar cortes con sus placas y espinas, además de mordeduras cuando se les introduce la mano en la boca. La lucioperca tiene dientes afilados y opérculos cortantes, mientras que algunos peces gato cuentan con radios espinosos en las aletas pectorales y dorsal.
Señales para mantener distancia durante la manipulación:
- Espinas rígidas levantadas en el lomo o los costados.
- Boca grande, dientes visibles u opérculos afilados.
- Cola larga, musculosa o terminada en aguijón.
- Movimientos violentos aunque el pez parezca agotado.
En especies que no se dominan, el pescador debe evitar las técnicas de sujeción aprendidas para otros peces. La normativa local también puede exigir la devolución inmediata de determinadas capturas, y manipularlas durante demasiado tiempo perjudica su supervivencia.
Equipo y respuesta ante una herida
Un pequeño botiquín debe acompañar a las pinzas, el desanzuelador y la sacadera. Las herramientas limpias reducen el daño en la boca del pez y permiten cortar anzuelos o terminales cuando la extracción resulta peligrosa. Para la persona, conviene disponer de agua limpia, gasas y material para controlar una hemorragia.
Elementos útiles en la caja de seguridad:
- Guantes resistentes y gafas de protección.
- Alicates de corte y pinzas de mango largo.
- Gasas, antiséptico y vendas.
- Recipiente o esterilla húmeda para manipular la captura.
Ante una punción profunda, dolor creciente, inflamación extensa, dificultad respiratoria o mareo, hay que solicitar atención sanitaria. No se deben succionar heridas, hacer cortes ni aplicar sustancias caseras. Si queda una espina clavada, es preferible inmovilizar la zona y dejar su extracción a profesionales.
La próxima salida debe empezar revisando el botiquín, las pinzas y los alicates, y colocando todo al alcance antes de lanzar la primera línea.